¿Y qué hacer en Lisboa?

¡Hay muchísimo para hacer! Yo estuve tres días, incluyendo el de ida y el de vuelta, y puedo decir que me faltó uno. Si os centráis sólo en Lisboa y no paráis, tres días es suficiente y es probable que incluso dos, a mi me gustó tanto perderme por las calles de la ciudad y andar sin rumbo que voto por más días. Si váis a Sintra y a Cascais os hace falta otro día.

Con esta manía de no prepararme los viajes,  he empezado a hacer tour gratuitos, en los que se paga la voluntad. Generalmente, los guías se lo curran muchísimo y suele dar gusto darles algo al final del tour. Además, no sólo son una manera de aprender de la ciudad, también se conoce gente. De hecho, hasta hago tours cuando voy a a la mía, Sevilla. Lo único es que suelo conocer más gente si hago el tour en inglés, suelo ser la única viajando sola en los tours en español.

En Lisboa hay diferentes barrios, cada uno con un carácter y un estilo diferente, me atrevería a decir que cada uno encaja con un tipo de persona diferente, sin embargo, no podría definirlos.

Alfama
Mouraria
Chiado
Baixa
Barrio Alto
Belém

Mi favorito: Alfama

En Alfama te puedes perder durante horas, y no sólo por el encanto de andar por sus calles, es que literalmente te pierdes. Sus calles son estrellas, con cuestas, adornadas con flores, las casas y las puertas muy pequeñas, hay pocas tiendas y bares en los que parece que no ha pasado el tiempo. La gente es muy agradable, pero parecen anclados en otro tiempo, se ven acostumbrados a ayudar a turistas perdidos, nos sonríen y parecen esperar una pregunta. En este barrio todavía se utilizan lavadores públicos. Las casas son tan pequeñas que muchos no tienen sitio para lavadoras y, por esta misma falta de sitio, los vecinos toman las calles como sus jardines y las adornan con macetas. Tampoco olvidemos que Alfama es la cuna del fado.

Para salir por la noche, os recomiendo la Rua Nova Do Carvalho. Entramos en un par de bares, que no puedo recordar los nombres, eran muy estilo londinense.

Alfama, Lisboa

 

Si notáis que las calles se ensanchan y las casas son más grandes, estaréis entrando en Mouraria.

Chiado y Pessoa

Nunca había escuchado hablar de Pessoa, uno de los grandes poetas portugueses, del que dicen que si compras un libro en tu viaje te llevas una parte de Lisboa. El poeta era habitual del barrio de Chiado y especialmente del bar A Basileira. Justo en la puerta del bar, la ciudad le rinde un homenaje permitiéndote “tomarte” un café con él y ahí va la primera foto obligatoria en Lisboa:

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Barrio Alto

Uno de mis amigos de Couchsurfing me llevó al Barrio Alto a cenar y tomar algo por la Rua Do Norte, donde había un ambientazo. Lo malo es que me pilló el cambio de hora y que estaba molida de andar tanto, así que mi noche fue cortita, a la 12 en casa. Una cosa que me  es que en Portugal todavía se puede fumar en los bares

Barrio de Belém

No puede faltar tomarte una pastéis de Belém. Estos dulces los encuentras por toda Lisboa, aunque en los otros barrios los conocen como pastéis de nata, que se supone no es la auténtica. A mi personalmente, me gustó más el pastéis del centro. No soy muy fan de la canela y el de Belém, por muy calentito y recién hecho que estuviera, me sabía a canela – que conste que a nadie más le sabía así. De todas formas, los días que estuve en Lisboa me zampé 2 pastéisal día, ¡menos mal que salí de la ciudad a los tres días o vuelvo rodando!

Un consejo, cuando vayáis a la pastelería, no os asustéis por la cola, ¡ pasa volando! O si os apetece sentaros, entrad dentro que hay muchísimas mesas libres, ¡el sitio es enorme! La gente en la cola sólo espera para comprar para llevar.

Si queréis comer por Belém, nos recomendaron alejarnos de la pastelería lo más posible para evitar precios excesivos.

 

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Couchsurfing

Siempre que cuento que hago  Couchsurfing la gente me mira raro, sobre todo si no son anglosajones. ¿Y qué es Couchsurfing? Para mi es una manera de conocer a gente del sitio donde voy, conocer costumbres, cómo viven, qué comen, qué hacen en su tiempo libre y, como no, de viajar barato. Se basa en la idea de comunidad, yo te ayudo y tú me ayudas o ayudas a otro en mi lugar.

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Con Marie, mi anfitriona en Melbourne

Sólo tengo buenas palabras de mi experiencia. Me han recibido en varias sitios con un “mi casa es tu casa”, eso que suena tan de película, saliendo de la boca de un extraño que te acaba de recoger o abrir la puerta. Me sigue maravillando la generosidad de las personas que he conocido. Muchos han pasado horas escuchando mis viajes, contándome los suyos, compartiendo una cena o enseñándome su ciudad.

Empecé a surfear sofás, que así sería la traducción, cansada de conocer sólo mochileros como yo durante mis 6 meses de viaje ( y no puedo negar que tras meses de viajes no me venía mal gastar menos). Quería conocer a gente local y aprender más de su cultura, y así fue como empecé.

La idea de couchsurfing no se limita a dormir y ahorrar el alojamiento, la mayoría de las veces simplemento quedo con miembros de la comunidad y me organizo mi propio alojamiento, ya que suele resultar más cómodo. Esto no era así durante mi gran viaje.

Lo ideal es devolver la ayuda a otros viajeros alojándolos, pero no siempre es posible. En mi caso, vivo con dos compañeros de piso y no puedo alojar a nadie de momento, aunque puedo quedar con otros viajeros que estén de paso y siempre tendré sitio para cualquiera de los que me acogieron.

¿Y alguna historia morbosa o algún día que haya tenido miedo al quedar con mi anfitrión? Siento ser aburrida, pero la verdad es que no. Sólo tengo palabras de agradecimiento para el neozelandés que tenía 8 couchsurfers en su casa, el australiano vegano que nos cocinaba para asegurar que comiamos sólo verduras, o el lisbonés que me paseó por su ciudad. Todos ellos forman parte de mi viaje y les recuerdo siempre que veo mis fotos.